Psicología de la Lesión Deportiva

El estudio de la psicología de la lesión deportiva y las variables psicológicas que intervienen tanto en su prevención como en su recuperación, han sido objeto de estudio de muchas investigaciones desde finales del siglo pasado. A continuación, te presentamos las últimas novedades que hemos recopilado sobre la psicología de la lesión deportiva:

Estudios recientes (Abenza y col., 2009) afirman la importancia de la socialización, el estrés y la ansiedad tanto en la prevención como en la recuperación de lesiones.

Con respecto a la ansiedad, es muy curioso como, hasta ahora, se pensaba que, en fase de recuperación, el deportista generaba ansiedad por culpa de su preocupación por la pérdida de rendimiento. Sin embargo, estudios recientes afirman que lo que realmente le preocupa al deportista es la pérdida del compromiso deportivo (García-Mas, 2011). El mismo estudio, afirma que los niveles de ansiedad son mayores cuando el deportista está a punto de recibir el alta médica debido a la exigencia generada por volver a los entrenamientos.

En otra línea enfocada a la psicología de la personalidad (Prieto y cols., 2014) atribuyen la ansiedad competitiva como potenciador de la lesión deportiva. Ya que esto conllevaría a una mayor motivación orientada al fracaso. En esta vía, el perfil «neuroticismo«, del cuestionario NEO-PI-R, correlaciona positivamente con ansiedad. Los deportes colectivos, generarían más ansiedad que los deportes individuales.

Sin embargo, el trabajo de Ponseti y cols. (2014), asegura que no toda la ansiedad es la causante del aumento de la probabilidad de tener una lesión deportiva, solamente por su parcela cognitiva (y no por su parte física o conductual).

El mismo autor (García-Mas, 2014) aclara el poderoso papel de la autoeficacia (percibir mi propia capacidad) ya no es tan importante como se pensaba hasta ahora en la psicología de la lesión deportiva. De tal manera, que unos niveles altos de autoeficacia al éxito generarán mayores conductas de riesgo en el deportista (no hacer buenos estiramientos, no hacer un buen calentamiento, no usar las protecciones adecuadas, exposición del cuerpo a altas exigencias, etc.) y llevará a un aumento de la probabilidad de lesión (De la Vega y cols., 2014). Sin embargo, la probabilidad de lesión no viene explicada por la autoeficacia en general, tan solo por la conducta de riesgo que ello conlleva.

Una vez el deportista se lesiona, habrían riesgos de: disminución de la autoestima, autoconfianza y de mayor preocupaciones. Por lo que un entrenamiento psicológico basado en la búsqueda de consecuencias positivas de la lesión y en técnicas de relajación parecen ser las vías más adecuadas de intervención (Ortín y cols., 2014).

Además de toda estas variables, todos estos autores coinciden en la importancia de las relaciones sociales tanto para el proceso de prevención como el de recuperación de la lesión. Parece ser, que las relaciones sociales cumplen un papel adaptativo fundamental en las personas y si no existe una calidad óptima de ellas, el riesgo a padecer lesiones y enfermedades es aún mayor.

Hablando de la función adaptativa del cerebro y del ser humano, estudios recientes sin contrastar ni replicar, nos invitan a pensar que, en ciertas ocasiones el dolor es persistente aún si la lesión está clínicamente sana. Esto es debido a que el cerebro mantiene índices de dolor residuales de la lesión indicando que aún el cuerpo no está preparado para volver a la práctica deportiva por algún motivo (físico, social, emocional o cognitivo).

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